lunes, 8 de febrero de 2016

A PARTIR DE BETTY FRIEDAN


Alba Calvo Sanjuán
04/01/2016

            Un día como hoy hace diez años moría Betty Friedan, icono feminista de los Estados Unidos reconocida por abrir camino al movimiento feminista contemporáneo. A través de su libro “La mística de la feminidad”, publicado en la década de los 60, busca ofrecer soluciones al “problema que no tiene nombre”.
            Viajemos, EEUU, años 50, fin de la Segunda Guerra Mundial. Empiezan las contradicciones, mujeres que acceden a la Universidad, que se forman, pero que sin embargo acaban en casa al cuidado de esta, su marido y sus hijos e hijas, presente la togetherness de la que nos habla la autora[1]. Presente también una cultura crítica juvenil que no permite a la mujer participar de la misma, que no cuestiona sino valora la pasividad y la dependencia, más contradicciones. Cocinas enormes, realízate en las mismas. Cosméticos, debes estar perfecta. Electrodomésticos, los quieres todos. Consumo, consume. Universidades, accede  a estas pero acaba en casa cuidando de tu familia, con tu enorme cocina, tus electrodomésticos y tus cosméticos. El malestar de estas mujeres no tenía nombre, acudían al médico incomodadas de enfermedades extrañas, sin diagnóstico ni remedio a su “síndrome de fatiga crónica”. Podemos decir, grosso modo, que el “problema que no tiene nombre” es esa mística de la feminidad de la que nos habla Betty, de la que ya nos habló Simone de Beauvoir como “el cielo platónico” [2]. En definitiva el abstracto de lo que representa la feminidad y la dificultad de alcanzarlo, la insatisfacción que supone tratar de cumplir con las exigencias de la misma, porque nunca se pueden satisfacer por completo. Pues es una mística misteriosa e intuitiva creada por un sistema injusto e insaciable, pero de esto no hablaba Friedan, no nos contó que el malestar de estas mujeres, como el de todas, es el sistema de producción, como tampoco se cuestionó que la mayoría de las mujeres no podían “no seguir ignorando esa voz que, desde su interior dice: quiero algo más que un marido, unos hijos y una casa” porque no tenían ni casa, ni marido ni hijos[3]. Le pasó factura la corta visión de verse a una misma y sus problemas como centro, no negamos el malestar de estas mujeres burguesas y blancas, ni la excelencia de la obra de Friendam, pero el reflejo de su experiencia vital como universal contribuye al peligro de una sola historia[4].
            No es nueva la crítica, bell hooks reclamó la realidad de las mujeres obreras, pobres y/o negras, y además planteaba que las mujeres blancas que dominan el discurso feminista rara vez se cuestionan si su perspectiva de la realidad de las mujeres se adecua o no a las experiencias vitales de las mujeres como colectivo[5]. Como decimos, no es nueva la crítica si deberían serlo las reflexiones si aún no nos las hemos hecho.
            Cada vez más mujeres, pecando de optimismo, nos sentimos feministas, pero existen cuestiones fundamentales que no acabamos de tratar, los caminos son muy diferentes. Por nuestra parte compartimos con Carol Ehrlich la preocupación de que "el feminismo parece cada vez más tener una perspectiva ciega, segura y no revolucionaria"[6]. Nuestro feminismo no pasa por ocupar cargos de poder en grandes empresas al servicio del capital, ni estar representadas por mujeres en las instituciones, ni en vestirnos de policía o militar o en poder disfrutar del tiempo libre mientras otra mujer trabaja limpiando nuestra casa. Como dice Federicci la igualdad es un término que congela el feminismo, no podemos decir que estamos en contra de la igualdad, pero no luchamos solo por esta por que decir que queremos la igualdad sería decir que queremos la explotación capitalista que sufren los hombres[7]. Por eso cuando decimos que queremos derechos iguales a los hombres los queremos como medio para avanzar en la lucha contra la esclavitud de la clase trabajadora.
            El feminismo, como bien dijo Lidia Falcón, es una ideología transformadora de la sociedad para acabar con todas las injusticias -las de clase, las de sexo, las de raza- y a la que, por supuesto, pueden adscribirse todos los seres humanos y sin la que resulta inocua, cuando no perjudicial, plantear únicamente el frente hombre o mujer[8]. Falcón tampoco se equivoca cuando dice que prefiere a un hombre socialista que a una mujer del Opus, porque se trata de una cuestión de los intereses de la clase trabajadora, siendo conscientes, claro de la doble explotación que tienen las mujeres trabajadoras con jornadas laborales interminables desde dentro hasta fuera del hogar. El feminismo debe ser entonces la herramienta para cuestionar el orden social establecido y socavarlo, que no olvida que es fundamental la transformación de la estructura económica y social contemporánea para que la liberación de las mujeres pueda completarse, pero también la de los hombres.
            ¿Por qué es necesaria dicha trasformación? Porque entendemos que la desigualdad es funcional al sistema, que prima la ganancia inmediata y el individualismo sobre el beneficio de la mayoría, que responde a los intereses de un pequeño porcentaje de la población mundial, que genera competencia y sobrevaloración de lo masculino y que utiliza a la mujer para sustentarse y estructurarse: los servicios sociales del Estado no podrían sostenerse si no fuera por la economía del cuidado que realizan en su gran mayoría mujeres sin ningún tipo de remuneración económica a cambio. El sistema extrae cantidades ingentes de trabajo no asalariado situado en su base oculta que hace posible su funcionamiento. Como decíamos las desigualdades son las bases prácticas e ideológicas para la jerarquización, lo que permite al capitalismo extraer fuerza de trabajo no pagada y reproducirla.
En definitiva, como diría Kollontai: “una mujer puede tener igualdad de derechos y ser verdaderamente libre sólo en un mundo de trabajo socializado, de armonía y justicia”.[9]










[1] Pensarse a sí misma a través de la familia. No se tiene identidad propia, la mujer se realiza a partir de su casa y familia.
[2] Beauvoir, S. D. (2000). El segundo sexo. Madrid, Cátedra/Universitat de València/Instituto de la Mujer.
[3] Friedan, B., de Dampierre, C. R., & Alvarez, L. (1974). La mística de la feminidad. Júcar.
[4] Discurso de Chimamanda Adichie.
[5] Cita extraida de Hooks, B. Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista. en Otras inapropiables: Feminismos desde las fronteras. (2004) Madrid: Traficantes de sueños.
[6] Cita extraída de Ehrlich, C. "El desgraciado matrimonio entre marxismo y feminismo: ¿puede salvarse?"  en De la ceiba, 174 (2014).
[7] "Es un engaño que el trabajo asalariado sea clave para liberar a las mujeres" entrevista en eldiario.es. disponible en: [Consultado 04/02/2016]
[8] Falcón, L. (2011). "Mujerismo y feminismo" en El Periódico. Disponible en: [Consultado 04/02/2016]
[9] Kollontai, A. (1907) Extractos de Los fundamentos sociales de la cuestión femenina. Disponible en: [Consultado 04/02/2016]

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