jueves, 28 de abril de 2016

SOBRE REFUGIADOS Y VANGUARDIAS



                                                    
Jorge Tapia Blázquez
Máster universitario en intervención social con individuos, familias y grupos (UPN)
Grupo de Esutidos Culturales A. Gramsci

"El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos"
Antonio Gramsci

1. Introducción
Encabezar este trabajo con esta cita del intelectual sardo no es casual. En esa frase se condensa de manera sustancial, el significado de crisis. Y es que vivimos en tiempos de crisis. “Crisis económica”, “crisis política”, “crisis mediambental”, “crisis europea”, “crisis energética”, y tras un largo etcétera, llegamos a la de carácter más reciente, la llamada “crisis de los refugiados”.  Gramsci, nos habla de un mundo que se muere, que agoniza pero que no acaba de morir, porque lo nuevo es incapaz de llevarse a cabo. El claroscuro, el tiempo entre lo que muere y lo que nace, nos evoca a una especie de estado en stand-by, de no-tiempo, de excepcionalidad. Sin duda alguna, es hacia ese período de excepción, en el cual la mayor parte de la humanidad está sumida, a donde nos dirigimos. De esta forma, la actual “crisis” de los refugiados se entiende como otra de las manifestaciones sintomáticas de lo verdaderamente monstruoso de estos tiempos: un capitalismo agonizante cuya única salida lleva a la aceleración del mismo.
Slavoj Zizek (2009), nos habla así, de que vivimos en tiempos apocalípticos. Su análisis de la situación actual, gestada sobre todo en las cuatro últimas décadas, le lleva a hablar de cuatro contradicciones o “antagonismos” de nuestra era:
la amenaza que se cierne de una catástrofe ecológica; lo inadecuado de la noción de propiedad privada en relación con la así llamada “propiedad intelectual”; las implicaciones ético-sociales de los nuevos desarrollos tecnocientíficos (especialmente en la biogenética); y por último, pero no menos importante, la creación de nuevas formas de apartheid, nuevos Muros y ciudades de miseria. (p.106)

Lo que se describe es un futuro cercano que refleja una mezcla de paisajes de películas como Mad Max, Blade Runner y distopías similares, organizado político-socialmente como en el largometraje de Alfonso Cuarón, Los hijos de los hombres[1]. Cierto es, que la actual “crisis” de los refugiados, nos ha ofrecido algunas imágenes que bien podían formar parte de cualquiera de las distopías señaladas. Pero cierto es también, que algunos paisajes apocalípticos vienen siendo habituales en nuestro entorno, en nuestras vidas, donde las fronteras entre la inclusión y exclusión cada vez son más evidentes. 
De acuerdo con Javier de Lucas (2016), la “crisis de los refugiados”  “no puede ser considerada un fenómeno coyuntural, sino que obedece a ciertos motivos estructurales que configuran las relaciones internacionales de muchos de los actores que compiten en el mercado global” (p.27). Entender el hecho, como algo coyuntural, lo que nos lleva es a aislarlo y perder las dimensiones estructurales que están detrás del mismo, negar lo político del mismo. Lejos de analizar las causas y los determinantes que se esconden tras esta “crisis” , lo cual excedería la pretensión y el objeto de este trabajo, cabe hacer mención a dos tipos principales de respuestas que afloran tanto en la opinión pública como en el panorama político, que ha señalado Zizek (2016), en su reciente obra  La nueva lucha de clases: Los refugiados y el Terror [2]. Por un lado, tenemos los discursos de la izquierda liberal, que hacen acopio de la empatía, la libertad y ciertos valores y principios meramente formales,  suplicando “que Europa muestre su solidaridad abriendo las puertas de par par en par” (ibid, 2016). Como ejemplos de estas posturas se abre un amplio espectro que va desde diferentes ONG's, partidos progresistas, sindicatos, organizaciones antirracistas, hasta las campañas   de “Ciudades-refugio” en los llamados “ayuntamientos del cambio” en el Estado español.  Por el otro, se sitúan las posturas populistas antiinmigración, los discursos más reaccionarios que ven en los refugiados la amenaza hacia los valores que la postura contraria parece defender en su llamamiento. Muestra de ello son las declaraciones de Victor Orban, presidente de Hungría,  primer país  comunitario en cerrar militarmente sus fronteras en la reciente “crisis”[3], apelando a los valores europeos de tradición cristiana amenazados ahora por el terrorismo. Por otro parte, cabe mencionar cómo la ultraderecha europea, en pleno auge desde el inicio de la crisis económica con el arraigado discurso contra los “gorrones del bienestar” (Bauman, 2005, p.75), se ha visto reforzada electoralmente en este último periodo, incluso en los considerados países del “Estado social” como en Suecia o Dinamarca, al utilizar la islamofobia como bandera[4].
En medio de estos discursos, disfrazado con el discurso solidario, se encontraría a nuestro parecer, una tercera postura y es la respuesta neoliberal-utilitarista, declarada por la gran patronal alemana y la canciller Angela Merkel, dispuestos, en un principio, a acoger dentro de sus fronteras a un millón de refugiados. Lejos de cualquier empatía con los refugiados, este mensaje manifiesta la necesidad de engrosar las filas del ejército de reserva del capital alemán.
Ante la pregunta de cuál de las dos principales posturas es la peor, el filósofo esloveno responde que ambas “son peores”. Incluso, yendo más allá, tacha la primera postura de abiertamente hipócrita, puesto que ellos mismos saben bien la apertura de fronteras que no ocurrirá, “pues impulsaría una revuelta populista instantánea en Europa”. Sin embargo, el llamamiento a la solidaridad, parece haber sido la postura mas concurrida -y recurrida-, al margen de discursos cada vez más exaltados. Zizek (2016) y su homólogo croata Srecko Horvat parecen haber llegado a la misma conclusión para explicar este hecho, recurriendo ambos a la obra de Oscar Wilde El alma bajo el socialismo: “¿Qué hay de malo en la mayoría de reacciones habituales a la presente crisis de los refugiados?: Es mucho más fácil solidarizarse con el sufrimiento que con el pensamiento?” (Horvat, 2016).
Es así, mucho más fácil solidarizarse desde la emoción, desde la empatía, quedándonos en ese espacio protector que ofrece lo moral[5], que analizar la cuestión desde una postura brechtiana (Iglesias, 2009) que nos obligue a un distanciamiento de lo emotivo y profundizar en toda su dimensión que tiene de político, para permitirnos, parafranseanado a Brecht,  pasar del “comprenderlo es perdonar” a un enfoque que llegue a mostrar el hecho “desde un ángulo que admita la intervención de la sociedad” (Brecht, 2004).o  Volveremos a recalar en estas cuestiones al final, de cara a intentar esclarecer las posibles salidas.


2. “...Ahora todos somos homo sacer
Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.
Blade Runner
Nos centraremos ahora en la figura del refugiado, en lo que esta representa más allá de situaciones “coyunturales” actuales. Para ello cabe regresar a la obra de Hannah Arendt, una de las autoras primordiales en lo que respecta a esta figura. En sus obras “Los orígenes del totalitarismo” y “Nosotros, los refugiados”, Arendt, a través de su experiencia personal, pues ella misma conoció el exilio, el refugio, y el ser apátrida, escapando de la persecución nazi, mostró, no solo el significado del refugiado, sino los mecanismos que lo construyen.
La palabra “refugiado”, deriva del latín refugium, que significa cobijo. Dentro de la misma se encuentra otra que le da aún más sentido: fugium, que significa “huir”, “fugarse” (Ruiz, 2014). Re, sería el prefijo que recalca la acción de repetición, de “volver a”. La palabra cobra un significado un tanto significativo: aquel que huye dos veces, aquel que repite la huida, o incluso aquel relegado a una repetición continua de la huida. De este modo, la palabra refugiado, adquiere el sentido parecido al que Arendt (1998) nos remite cuando escribe
Lo que carece de precedentes no es la pérdida de un hogar, sino la imposibilidad de hallar uno nuevo. Repentinamente ya no había un lugar en la Tierra al que pudieran ir los emigrantes sin encontrar las más severas restricciones, ningún país al que pidieran asimilarse, ningún territorio en que pudieran hallar una nueva comunidad propia (p.245).
Sin duda alguna, el significado de refugiado, de doble huida – mejor dicho, de doble negación del hogar – es la que más se acerca, a nuestro parecer, a la situación del refugiado. “Hogar”, aquí vendría a significar condición política. Aquellos que una vez negados en su país, tras la huida, son también negados una segunda vez en sus destinos. La obra de Arendt, como decíamos se basa en su propia experiencia , y por lo tanto – aunque el carácter y la pretensión final de la obra hacen que las cuestiones planteadas sean extrapolables a épocas posteriores – se centrará sobre todo en la experiencia del nazismo y la persecución judía. En la Alemania nazi, en un primer momento los judíos fueron relegados a ciudadanos de segunda y a ser recluidos en guetos, antes del inicio de los campos de concentración.  La situación hoy en día, hace que esa primera negación pareciera traducirse en estados fallidos, donde los intereses comerciales por medio[6] de intervenciones militares han desestabilizado amplias regiones del mundo.
La segunda negación de la condición política, y por lo tanto de la privación de derechos, fue el que Arendt, al igual que muchos exiliados contemporáneos, vivió en su periplo por varios países, posteriormente a la huida de Alemania. Una vez perdida esa primera condición, “no hay posibilidad de hallarlo en ningún espacio” sin verse sometida a restricciones, a recortes de su condición política y de derechos. En la actual “crisis de los refugiados” podemos observar este hecho incluso antes de que se llegue a los países receptores . Como apunta Javier de Lucas (2016),
La UE y los estados europeos no han puesto la prioridad en donde debieran, esto es, afrontar la exigencia de garantizar obligaciones jurídicas vinculantes derivadas del derecho internacional de refugiados del que son todos parte y no como un problema de generosidad moral. (p.28)
Hannah Arendt, ya señalaba que existía un especie de desajuste entre los derechos humanos y su aplicación, pues esta última versaba sobre la condición de ciudadano, es decir, la condición de pertenecer a un Estado. Este desajuste estaría ya reflejado incluso, en el mismo título de la declaración de 1789, Declaration des droits de l'homme et du citoyen (Ruiz, 2014), cuya ambigüedad  presagia la idea de Arendt (1998), que señala que al vincular derechos humanos con ciudadanía, se produce una mutación de “humano” a “ciudadano”. “Ciudadano” es una figura jurídica vinculada a un territorio mediante nacimiento, por lo tanto, los derechos humanos, “sólo se atribuyen en la medida en que el ser humano se convierte inmediatamente en ciudadano, siendo la ciudadanía el único lugar en donde se pueden conservar y garantizar dichos derechos” (Luquín, 2014). Así expone Arendt, citado por Agamben (2006)
La concepción de los derechos del hombre basada sobre la supuesta existencia de un ser humano como tal, se vino abajo tan pronto como los que la propugnaban se vieron confrontados por primera vez a hombres que habían perdido toda cualidad y relación específicas, excepto el puro hecho de ser humanos (p.161)
De esta manera, el refugiado, convertido en una especie de apátrida, es decir, sin un estado que le proporcione ese “cobijo jurídico”- ya sea por negación de su condición de ciudadano o por la desprotección derivada de los “estados fallidos” -  su condición y por ende, su vida, queda, como diría Zambrano (2004) ,“desnuda ante los elementos, que entonces muestran toda su fuerza” (p.38)
Las palabras de María Zambrano nos llevarían a una tercera cuestión que en cierta medida, viene precedida por las cuestiones planteadas por Arendt, y que nos dirigen a otros terrenos. Se trata de la cuestión de la vida humana, y su gestión. No me refiero con ello al hecho de la manera de gestionar la “crisis de los refugiados” – que también –  ni a las dramáticas consecuencias del mismo. Me estoy refiriendo a la situación de absoluta desprotección y desamparo no ya de la condición de refugiado, sino de la condición de la vida humana. Pero lejos de entrar en consideraciones filosóficas y morales sobre lo humano y de hacer cualquier llamamiento a la humanidad – lo cual nos situaría en uno de los lugares comunes y significantes vacíos más recurridos de los cuales queremos escapar – a lo que nos estamos refiriendo es al poder – y cuando hablamos de poder, hablamos de todo el entramado del capital representado por el binomio mercado/estado – que  se vierte sobre la propia vida, el cual, también es humano, “demasiado humano”.
Para ilustrar este hecho nos valen los pactos establecidos recientemente por la UE y Turquía, a partir de los cuales[7], la UE “devolverá” a Turquía a cada sirio/a que entre de manera “ilegal”– el pacto únicamente alude a la población del Estado Sirio, eludiendo los demás países en conflicto, por no hablar del resto de nacionalidades, que igualmente huyen de la desesperanza económica de sus países[8] – a cambio de asentar otro proveniente de Turquía. El pacto se selló con la cifra de 3000 millones[9] de euros a Turquía, cifra que se suma a las “ayudas” previamente otorgadas con el mismo sentido al país otomano[10]. La cuestión que subyace de todo ello, a parte de, como apunta Sami Naïr11, atentar contra los derechos humanos y,  en concreto, contra el artículo 19 de los derechos fundamentales de la UE, que prohíbe cualquier deportación colectiva, es esa desnudez de la vida, a la que alude Zambrano, abandonado por el derecho y por la ciudadanía (Ruiz, 2014), sobre la cual el poder soberano sigue vertiendo su poder.
Nuda vida que revela la figura del homo sacer, recuperada del derecho romano por el filósofo italiano Giorgio Agamben en su obra Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida [11]. El homo sacer,  es aquel sujeto que sufre una doble excepción, “tanto con respecto al ius humanum como al ius divinum, tanto en relación al ámbito religioso como al profano”(Agamben, 2006, p.107). Por lo tanto, en cuanto a que es excluido dos veces, le deja expuesto a una “violencia – el que cualquiera pueda quitarle la vida impunemente”–  sin que sea “clasificable ni como sacrificio ni como homicidio, ni como ejecución de una condena ni como sacrilegio”(ibid, p.108). La figura del homo sacer es así una figura de excepción y su nuda vida “no son situaciones ajenas o previas a una comunidad política basada en el consentimiento o en el otorgamiento de poderes al soberano, sino su excepción, su antagonismo y, por lo tanto, su fundamento” (Iglesias, 2009, p.5)[12].  De esta forma el homo sacer, sería una figura originaria en la cual se fundamenta el papel soberano: su abandono,  su estado de excepción, forma parte de la constitución del ese poder. En línea con Delgado (1999), designaría a todas aquellas “figuras límite” cuya existencia supone la garantía del Estado-nación, pues en última instancia es garante de su poder. Por lo tanto, es una figura que está dentro del ordenamiento establecido a partir de esa excepción, es decir, que su inclusión se da a través de su exclusión (Ruiz, 2014).
Para Agamben, la figura del refugiado sería un claro ejemplo de homo sacer. El filósofo italiano, retomará para ello la obra de Arendt, justo en el punto que esta última se quedó: el refugiado como “el hombre de los derechos”, puesto que una vez abandonado por el derecho sin la máscara de la ciudadanía, su vida desnuda se erige como el resto de humanidad que queda, se erige entonces como “su primera y única aparición real” (2006,  p.167).
Recuperando así, el punto de fricción inicial donde se produce ese desajuste entre derechos humanos y derechos del ciudadano de Arendt, Agamben (2006) expone que la  inquietud que representa la figura del refugiado para los Estados-nación, se debe sobre todo a que cuestiona la misma “ficción originaria de la soberanía moderna”, al atentar sobre los binomios hombre/ciudadano y nacimiento/nacionalidad. El refugiado, “al manifestar a plena luz” - esa  separación de estos binomios – “hace comparecer por un momento en la escena política la nuda vida que constituye el presupuesto secreto de ella” (ibid, p.167). De este modo, el refugiado como parte del conjunto de figuras límite - a saber, homini sacri – cuya existencia parece cuestionar ese ordenamiento social, político y económico que es el Estado-nación, porque, en línea de autores como Sayad (2010) o Delgado (1999, 2009), lo que hace es interrogar ese ordenamiento, señalando no solo su ficción, no solo sus límites, sino también la capacidad soberana de imponer la excepción[13]. Esa capacidad, la de imponer la excepcionalidad, sería en última instancia, la verdadera definición de lo que significa el poder. Por ello la figuras de homo sacer, el conjunto de seres humanos sobre los cuales se vierte esta excepción[14], son necesarias no solo porque marca los límites del derecho, sino porque constituyen verdaderamente ese poder.
Agamben (2006), partiendo de las últimas afirmaciones de Arendt en su ensayo Nosotros los refugiados (1997), donde ésta concluye que los refugiados “son la vanguardia del pueblo”, va incluso más allá, exponiendo que la situación del refugiado no se soluciona con los derechos de asilo. El asilo no muestra más que una benevolencia de los Estados (Ruiz, 2014) , y como en el caso español, es cada vez es más reducido y dificultado. Agamben (2006) plantea recuperar la figura del refugiado como elemento político:
Hay que considerar al refugiado como lo que en verdad es, es decir, nada menos que un concepto límite que pone en crisis radical las categorías fundamentales del Estado-nación, desde el nexo nacimiento-nación al nexo hombre-ciudadano, y permite así despejar el terreno para una renovación categorial que ya no admite dilación alguna, con vistas a una política en que la nuda vida deje de estar separada y exceptuada en el seno del orden estatal, aunque sea a través de la figura de los derechos del hombre (p.170).
De esta forma, la figura del refugiado en tanto que interroga, atenta y en última instancia, funda el poder del Estado sobre un espacio determinado, se trataría así de un elemento de emancipación[15] para repensar las categorías en las cuales estamos organizados y superar esa atadura al terreno en cual se anclan los derechos humanos a través de la categoría de ciudadanía, imaginando nuevas formas políticas extraterritoriales (Ruiz, 2014), donde la cuestión de los derechos humanos dependa únicamente del ser – verbo y sustantivo – humano. En ese sentido la figura del refugiado encarnaría la punta de lanza de las luchas políticas, “la vanguardia del pueblo”, que diría Arendt.
Arendt, al final de Los Orígenes del totalitarismo (1998), advertía sobre los tiempos venideros y la larga sombra del totalitarismo[16]. Sin embargo, creemos que no ha hecho falta que irrumpiesen formas de fascismo, para que el totalitarismo gobernase de nuevo el cuerpo social. Como Foucault (2007) anunciaba hace unas décadas, los estados fueron cediendo su soberanía económica al capital, constituido hoy por las grandes entidades financieras y multinacionales. Es esta soberanía económica, la que en el neoliberalismo actual se ha ido estableciendo verdaderamente como la soberanía real, globalizada y totalizante, que subsume las demás formas de soberanía y subsume también a los Estados-nación – lo cual no significa que el ordenamiento en Estados-nación no siga cumpliendo su papel en las estructuras capitalista – convirtiéndolos en “meros instrumentos para marcar los flujos de mercancías, dinero y poblaciones que ponen en movimiento”[17] (Escudero y Cano, 2013, p.149).
De este modo, siguiendo a Bauman (2005) los gobiernos de los Estados-nación,
despojados de gran parte de sus prerrogativas y capacidades soberanas, en virtud de las fuerzas de la globalización que son incapaces de resistir, y menos aún controlar […] están buscando esferas de actividad en las cuales poder afirmar su soberanía y demostrar en público, y de manera convincente, que así lo han hecho (pp. 78-79).
De acuerdo con este autor, los refugiados conformarían hoy una de esas “esferas de actividad” donde afirmar su soberanía. Las dos posturas que confrontábamos al principio de este trabajo, marcan de alguna manera los límites en los que se mueve la actuación de los gobiernos de los países europeos respecto a la “crisis” de los refugiados. Para ilustrar este hecho, cabe mencionar el cambio en el discurso que se dio en la ejecutiva alemana. Si en octubre de 2015, Angela Merkel hacía un llamamiento a la solidaridad y a la asunción de responsabilidades de los países europeos para llevar a cabo una distribución justa de refugiados[18], no pudo mantener en el tiempo este discurso, tanto por presiones internas de su propio partido, como externas a través de partidos como PEGIDA, que están  ampliando el espectro electoral aprovechando y redirigiendo el descontento[19]. Los sucesos de Noche vieja de 2015 en Colonia20, por más que fueran desmentidos, marcaron un punto de inflexión el discurso del canciller, que tiende a moverse ahora hacia la “criminalización” y la “securitización”. Los atentados de París y los recientes de Bruselas, han reforzado y “legitimado” este discurso en la esfera política.  Así, como afirma Bauman (2005), “habiendo rescindido o restringido de forma drástica su pasada intromisión programática en la inseguridad producida por el mercado”(p.71), acudimos a una búsqueda de nuevos riesgos, vulnerabilidades e incertidumbres – ya no económicas – donde los estados afirmen su legitimidad (Ibid, 2005).
Esferas de actividad, como igualmente representan los denominados migrantes económicos, sobre los cuales también el discurso y proceso de demonización y securitización han sido una constante. El objeto del poder sigue recayendo sobre esa figura del homo sacer, con el propósito de preservar o “reforzar (¿salvar?,  ¿construir de nuevo? los muros gastados y deteriorados, destinados a preservar la sagrada distinción entre el adentro y el afuera” (Bauman, 2005, p. 80). De esta forma, recuperando el análisis de Zizek (2009) que exponíamos al principio, es fácil observar que la última contradicción que señalaba el esloveno, “levantar nuevos muros, nuevas formas de apartheid”, constituye una de las claves para esclarecer la situación política de la actualidad.
No de forma desinteresada, se esta haciendo una distinción entre refugiado y migrante económico. El pacto de la Unión Europea con Turquía materializa políticamente esa distinción, separando a “ilegales” y “legales”, señalando quienes son “aptos” para vivir dentro de esos muros y quienes no como bien lo expresa el sacerdote palestino Carlos Khalil Jaar: “Europa quiere refugiados a la carta: un mercado de esclavos donde escoge a los que le conviene”[20]. Es precisamente las figuras de los esclavos maniatados las que evocan las imágenes de las recientes deportaciones masivas que se han puesto en marcha el 4 de abril[21]. Pero, como decíamos, es precisamente también ese pacto, el que significativamente mejor refleja la figura del homo sacer y la relación con el poder: son figuras en las que recae la excepción de los poderes por encima de cualquier norma, derechos humanos y legislación internacional[22].
Ambos, refugiados e inmigrantes económicos, son clases de lo que Bauman (2005) denomina “humanos residuales”. La diferencia estribaría en que,
mientras  que los solicitantes de asilo tienden a ser los productos de sucesivas entregas del celo puesto en el diseño y la construcción del orden, los inmigrantes económicos constituyen un subproducto de la modernización económica, que […] ha abarcado a estas alturas la totalidad del planeta. […] Refugiados, desplazados, solicitantes de asilo, emigrantes, sin papeles, son todos ellos los residuos de la globalización. (pp. 80-81).
Extrapolando las premisa de Arendt a la época actual, ellos conformarían “las vanguardias del pueblo”. Y,  ¿qué hay de las otras vanguardias? Walter Benjamin  en la octava tesis sobre el concepto de historia (1982) exponía que “la tradición de lo oprimidos nos enseña que el estado de excepción en el cual vivimos es la regla”.  La excepción pareciera convertirse en la norma en tiempos neoliberales. A los muros que separan diferentes mundos, se le unen los “tradicionales muros” existentes en nuestras sociedades. La aceleración del mundo capitalista, la globalización, el mercado desregulado y el retroceso de los sistemas de bienestar, producen cada vez más “humanos residuales” en los centros desarrollados. Basta mirar los actuales paisajes de los otrora centros industriales como Detroit para ver el resultado parecido a las ciudades como Homs en Siria o Sirte en Libia. Basta ver lugares como la Cañada Real en Madrid o “ El Vacie” en el polígono norte de Sevilla, para ver la similitud con los campos de refugiados en Idomeni (Grecia). O baste también cómo incluso la norma - la Constitución del Estado español - fue cambiada en base a los intereses del capital, que a día de hoy justifican recortes de derechos y libertades, sumiéndonos en esa “sociedad del riesgo” retratada por Ulrich Beck (1998). Todo ello no refleja más que ese estado de excepción hacia el cual parecemos abocados. Sin duda alguna, todos estos procesos parecen dar la razón a Zizek (2009) en su afirmación de que  “actualmente, todos somos potencialmente un Homo Sacer” (p. 108)


3 … Y si todos somos homo sacer, ¿Qué hacemos?[23]
No basta con hacer (lo que consideramos) lo mejor para los refugiados: recibirlos con las manos abiertas, mostrar toda la simpatía y generosidad de que seamos capaces. El mismo hecho de que esa muestra de generosidad nos haga sentirnos bien debería despertar nuestro recelo: ¿no estaremos haciendo todo esto para olvidar qué es lo necesario?
(Slavoj Zizek, 2016, p.56)
En el ya citado artículo de Javier de Lucas (2016), el autor ofrece una serie de propuestas que deben determinar la actuación de la Unión Europea frente a la “crisis” de los refugiados. Desde la urgencia que la situación reclama, de Lucas propone la creación de una agencia específica “para la gestión del sistema de asilo, refugio y la protección subsidiaria” (p.29), más allá de los organismos existentes como la FRA (Agencia Europea de derechos fundamentales) o FRONTEX. En segundo lugar, propone incrementar las vías legales para la solicitud y gestión del asilo, a través de “embajadas  y consulados en los países de origen, limítrofes y de tránsito”, para que la condición de llegar a Europa no sea necesaria para tramitarlo. Por otro lado, de Lucas, exige que funcione la “Directiva Europea de Protección Temporal[24] activando el mecanismo contemplado para hacer frente a emergencias humanitarias”.
Sin embargo, más allá de estas propuestas que aluden al funcionamiento de mecanismos existentes, la crisis de los refugiados lo que ha hecho de nuevo emerger es la ficción en la cual se sustenta el poder, y su decisión sobre la vida, sobre desnudar esa vida. Nuda vida a la cual la única respuesta que se ofrece parece devenir de la ayuda humanitaria de las ONGs. Lo cual muestra aun más el hecho de que, los refugiados como homo sacer que son, quedan aislados de cualquier responsabilidad soberana. Ese aislamiento marca la separación “entre lo humanitario y lo político que estamos viviendo en la actualidad es la fase extrema de la escisión entre los derechos del hombre y los derechos del ciudadano” (Agamben, 2006, p.69). 
César Rendueles (2015), a propósito de la máxima kantiana “La ley moral en mi corazón y el cielo estrellado sobre mí”, - que señala “la idea de que hay alguna clase de isomorfismo entre el orden que nos proporcionan las normas éticas y la regularidad de las leyes del mundo físico que nos rodea” (p.81) – alude a ese espacio entre el corazón y el cielo, a saber, el mundo real en que nos movemos, atravesado de diferentes estructuras (políticas, sociales, económicas, culturales...) que trastocarían esa clase de isomorfismo kantiano. De esta forma las leyes, los derechos humanos, los derechos civiles, también son atravesados por estructuras de diversa índole. ¿Es posible articular respuestas desde planteamientos que abogan por el respeto de los derechos humanos? El homo sacer, como ejemplo de la capacidad del poder de articular la excepción, nos da la respuesta.
Al principio de este artículo, a partir de Zizek (2009), exponíamos cuatro contradicciones: la catástrofe ecológica, la cuestión de la propiedad privada en relación con la propiedad intelectual, los problemas éticos derivados del desarrollo biomédico y biogenético y la brecha que separa a incluidos y excluidos, materializada en muros cada vez más presentes en el interior de las metrópolis, que nos dirige, decíamos,  a un paisaje similar al de la película Los Hijos de los hombres.
De estos cuatro antagonismos, de acuerdo con el esloveno, el cuarto, es el verdaderamente decisivo. La diferencia estribaría en que mientras los demás antagonismos se pueden resolver mediante un “régimen autoritario-comunitario”, incluso dentro de la propia lógica capitalista apelando al desarrollo sostenible, a leyes que den un sentido más amplio al de propiedad, o afrontando los desafíos éticos planteados por la biogenética; es en el cuarto antagonismo, entre Incluidos y Excluidos,  donde verdaderamente reside la carga revolucionaria – sin éste los demás perderían “el filo subversivo” (Zizek, 2009). En este sentido, si la realidad actual refleja un proceso de proletarización creciente, donde cada vez más población está en aras de convertirse en homo sacer o en población superflua (Bauman, 2005), lo que tenemos es cada vez más población que engrosa las filas de esas “vanguardias del pueblo” que diría Arendt. Contrariando a esta autora, los refugiados en sí, no constituyen una vanguardia de por sí: su situación desprendida de cualquier derecho no es lo que les da el carácter subversivo. No hay nada de subversivo en el sufrimiento. De esta forma, Zizek (2016) apunta, a partir de los campos de concentración nazis, que
[…] hemos de abandonar la idea de que hay algo emancipador en las experiencias extremas, como si nos permitieran abrir los ojos y ver la verdad definitiva de una situación. […] Ésta es, quizá, la lección más deprimente del horror y el sufrimiento: que no hay nada que aprender de ellos. La única manera de salir del círculo vicioso de esta depresión es pasar a un terreno de análisis económico y social concreto .(pp. 28-29)
Así, la máxima de Walter Benjamin de que “Sólo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza” no es suficiente. Aquellos que ven a los refugiados como un sujeto revolucionario de por sí que puede hacer colapsar los cimientos del capital, pecan de mesianismo (Zizek, 2016). La “sin esperanza” sino es articulada en el plano de la lucha económica, política y social no sirve. Es más, lo único que puede ofrecer sin esa articulación, es una espiral de violencia sin sentido que pueda acabar sirviendo de justificación de algo peor.
El paso estaría entonces, en pasar del humanitarismo alienante al espacio político-económico, aislando lo emocional para llegar al pensamiento como proponía Oscar Wilde, lo que significa el abandono de lo “dramático” para pasar al análisis “épico” en términos brechtianos. Lo que separa a los tres antagonismos con el último, siguiendo con Zizek (2009), es que mientras los tres primeros se pueden leer en tanto que afectan a la supervivencia, el ultimo – el muro entre Incluidos y Excluidos – se debe leer en clave de justicia.  Es el punto universal que recupera la noción de lucha de clases. El capitalismo planetario, produce el homo sacer, ya sea en forma de refugiados, explotadas, inmigrantes o paradas. Es en ese punto, reconociéndonos en la exclusión donde se sitúa  el inicio – y no el fin – de esa lucha. 


Bibliografía:

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Ruiz, B (2014). Los refugiados, umbral ético de un nuevo derecho y una nueva política. La Revue des droits de l’homme, 6 | 2014.
Sayad, A., Bourdieu, P.;Lorenzo, E. S. (2010). La doble ausencia: de las ilusiones del emigrado a los padecimientos del inmigrado. Barcelona: Anthropos Editorial
Zambrano, M.(2004) Los bienaventurados. Madrid: Siruela.
Zizek, S. (2009). Primero como tragedia, después como farsa. Madrid: Akal.
_____ (2016). La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror. Madrid: Anagrama (formato Epub)





                                 







[1]Esta película quizás refleje de manera más directa los tiempos pre-apocalípticos en la línea del análisis del filósofo esloveno. Situada en el Londres de 2027, las guerras, el terrorismo, la crisis medioambiental y una enfermedad que impide la procreación, muestran a la mayor parte de la sociedad sumida en el caos, donde la población pobre e inmigrante es recluida y apartada manu militari de las clases más pudientes.
[2]Disponible online (consultado el 30 de marzo de 2016).
[5]A colación de esto, Zizek (2016), en referencia a las posturas “buenistas” y al espacio en el que se mueven, plantea de manera contundente “Van de almas buenas que se sienten superiores al mundo corrupto mientras en secreto participan en el: necesitan este mundo corrupto, pues es el único terreno en el que pueden ejercer su superioridad moral.” (p.7)
[6]El medio, es decir, la intervención militar en este caso se convierte en un fin más para la desestabilización, puesto que uno de los principales beneficiados de estas situaciones, es la industria armamentística. Anteriormente, ya habíamos expuesto que la denominación “crisis de los refugiados”, según apunta de Lucas (2016) nos puede llevar a pensar el hecho de manera puntual, ajeno a las estructuras de poder. Una de las razones por las cuales este autor habla de lo estructural de esta crisis, en lo que coincidimos con él plenamente, es precisamente el comercio de las armas. Así apunta, que “La contingencia del fenómeno de los desplazados y refugiados es engañosa, por cuanto obedece en el fondo a las mismas razones estructurales que configuran las relaciones internacionales, porque detrás de esas persecuciones y guerras civiles subyacen las mismas estrategias de quienes compiten en el mercado global. Ejemplo de ello son las industrias de armamento (tan importantes para países como EEUU, Reino Unido, Francia, España, Italia…) que hacen caja vendiendo sus “productos” a buena parte de los Estados en conflicto –incluso a los dos bandos– de los que huyen los refugiados” (pp. 27-28).
[7]La Unión Europea confirma su portazo a los refugiados en 24 horas”  http://www.eldiario.es/desalambre/UE-Turquia-deportar-refugiados-Grecia_0_495901056.html (consultado el 23 de marzo de 2016)
[8]Sin querer entrar en un debate acerca de las diferencias entre refugiados e migrantes económicos en cuanto a desplazamiento forzoso, nosotros entendemos que ambas categorías parten de una misma matriz que atiende a causas estructurales, que hacen que ambas adquieran carácter forzoso.
[9]El pacto también incluía otras cláusulas, como expone Iosu Perales (2016) “Ahora, la manera democrática de afrontar la crisis de los refugiados consiste en patrocinar y financiar un mapa de campos gigantescos de concentración, desde donde se deportan, devuelven y reprimen a refugiados, a cambio de 6.000 millones de euros, la anulación de los visados para los ciudadanos turcos y la promesa de acelerar el ingreso de Turquía a la UE”. En  https://www.rebelion.org/noticia.php?id=210819 (consultado el 6 de abril de 2016)
[10]Por otro lado, es conveniente recordar que este hecho no es una novedad. Mucho menos en el Estado español, donde la externalización de la frontera y el control de los flujos migratorios ha sido una constante con Marruecos y posteriormente, con demás países africanos sobre todo a partir del desarrollo del Plan África, donde los proyectos de cooperación al desarrollo esconden los verdaderos intereses político-económicos que están presentes.
[11]Agamben, G. (2006). Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre-Textos.
[12]En esta línea Agamben (2006) expone lo siguiente: Se ha hecho notar agudamente que el Estado no se funda sobre un lazo social, del que sería expresión, sino sobre su desligadura (déliaison), que prohíbe (Badiou, p.125). Podemos ahora dar un nuevo sentido a esta tesis. La déliaison no debe ser entendida como la desligadura de un vínculo preexistente (que podría tener la forma de un pacto o contrato): más bien el vínculo tiene de por sí originariamente la forma de una ligadura o de una excepción, en que lo comprendido, en él es, al mismo tiempo, excluido; la vida humana se politiza solamente mediante el abandono a un poder incondicionado de muerte. (p.117-118)
[13]Iglesias (2009), recupera la figura cinematográfica de James Bond para ejemplificar como éste sujeto encarna esa capacidad soberana del poder  de establecer la excepción: El agente secreto que representa la excepcionalidad permanente en la defensa de la seguridad del mundo libre (Bond es mucho más que un agente del MI6), se caracteriza por su “licencia para matar”. Bond, como cualquier servicio secreto, simboliza la esencia de la soberanía mucho mejor que todos los poderes constituidos del Estado juntos, precisamente por encarnar, sin máscaras, la excepcionalidad.
[14]Así, Agamben coincide con  el controvertido Carl Schmitt, el cual plantea que la idea  soberano es aquel que posee el poder de decidir acerca de la excepción.
[15]En este sentido, Agamben (2006) expone que “El estado de excepción, en el que la nuda vida era, a la vez, excluida del orden jurídico y apresada en él, constituía en verdad, en su separación misma, el fundamento oculto sobre el que reposaba todo el sistema político. Cuando sus fronteras se desvanecen y se hacen indeterminadas, la nuda vida que allí habitaba queda liberada en la ciudad y pasa a ser a la vez el sujeto y el objeto del ordenamiento político y de sus conflictos, el lugar único tanto de la organización del poder estatal como de la emancipación de él (p.19)
[16]“Las soluciones totalitarias pueden muy bien sobrevivir a la caída de los regímenes totalitarios bajo la forma de fuertes tentaciones, que surgirán allí donde parezca imposible aliviar la miseria política, social o económica en una forma valiosa para el hombre” (Arendt, 1998, p.368)
[17]A partir de M. Hardt y A. Negri, muy influidos por el desarrollo teórico sobre la biopolítica de Foucault, estos autores realizan un acertado análisis de la situación económica actual en Escudero, R; Cano, J. (2013). Crisis económica y modelo social: la sostenibilidad del estado de bienestar. Almería: Universidad de Almería.
[19]Ese cambio de discurso, muestra las coordenadas en las cuales se mueven los partidos liberales europeos: “¿Acaso no ha sido ésta la historia de las últimas décadas? Los partidos centristas rechazan el abierto racismo de los populistas antiinmigración, pero al mismo tiempo afirman <> de la gente corriente y ponen en práctica una versión más <> de las mismas políticas” (Zizek, 2016, p.15)
[23]El título deriva de uno de los recurridos encabezamientos de Slavoj Zizek a lo largo de su obra, que a su vez deriva de la obra de Lenin ¿Qué hacer?
[24]Se trata de la DIRECTIVA 2001/55/CE DEL CONSEJO de 20 de julio de 2001 relativa a las normas mínimas para la concesión de protección temporal en caso de afluencia masiva de personas desplazadas y a medidas de fomento de un esfuerzo equitativo entre los Estados miembros para acoger a dichas personas y asumir las consecuencias de su acogida. Se puede consultar en http://www.acnur.org/t3/fileadmin/Documentos/BDL/2002/1225.pdf?view=1 (consultado el 6 de abril de 2016)

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