domingo, 4 de junio de 2017

Reseña crítica de La tradición marxista y la encrucijada postmoderna:Notas para una historia social y cultural en el siglo XXI. Gustavo Hernández Sánchez,

Alba Calvo[1]
Grupo de Estudios Culturales A. Gramsci
Una historia que nos habla más del futuro que del pasado, haciéndonos reflexionar en torno al porvenir entendiendo de dónde venimos.

“El hecho es que estamos aquí y que pronunciamos
estas palabras en un intento de romper el silencio y de
reducir nuestras diferencias, pues no son las diferencias las que
nos inmovilizan sino el silencio. Y hay multitud de silencios
que deben romperse.”
(Audre Lorde, 2003, 24)

1. Algunos apuntes sobre el libro

“Quienes se imaginan que todos los frutos maduran al mismo tiempo que las fresas, no saben nada de las uvas”, con esta afirmación utiliza la feminista Nuria Varela el análisis de Paracelso, médico suizo del siglo XV, para explicar la situación de desigualdad económica en la que nos encontramos las mujeres con respecto a los hombres en base a lo que hemos considerado como trabajo. Como continúa explicando, hemos entendido que sólo es verdaderamente trabajo el que se realiza a cambio de un salario y obviado o desconocido las características del trabajo no remunerado realizado en el hogar (Varela, 2008, 172). En este sentido el ensayo que se presenta nos ofrece herramientas de análisis para poner en cuestión la ideología dominante socialmente aceptada, por seguir con el ejemplo de Paracelso, el autor incluye el proceso de maduración específico de las uvas pero también el de otros frutos. En otras palabras, integra la perspectiva del género, pero también otras como las de la clase y la raza, y por supuesto las diversas diferencias y combinaciones entre estas, sacando a la luz los conflictos acallados por el pensamiento imperante y atendiendo a las Otras voces[2] -las de los vencidos y las vencidas- para, como advierte la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, no caer en el peligro de una sola historia[3]. Es decir, acabar con un relato que viene configurando y configura un determinado modelo de sociedad que trasforma los conflictos sociales en favor al interés del poder de las élites, pues podemos decir que más que “la información es poder”, que es el poder el que crea la información, estableciendo así unas normas y reglas que conforman la vida, y que sirven para perpetuarse e imponer un sentir general que camufla las desigualdades haciéndolas parecer el orden natural.

Como podemos adivinar sin mucho esfuerzo en el título del libro, el autor trata de buscar un equilibrio entre la postmodernidad y los pensamientos marxistas para reivindicar la resistencia contra una industria cultural abrumadora que, paradójicamente, parece satisfacer cada vez más a la mayoría de las personas. Y lo hace a través de un trabajo riguroso que, como recientemente graduada universitaria que soy, me hubiese gustado haber leído al comenzar mis estudios, puesto que ofrece diferentes herramientas para la formación de un pensamiento alternativo y crítico, tan poco valorado desde la academia y que nos exige argumentar y explicarnos doble o triplemente que si aceptásemos el discurso hegemónico. Nos ofrece herramientas para reflexionar y cuestionar la relación histórica que, como describíamos más arriba, crea desigualdades estructurales y sistemas de dominación concretos, como los que se describen en el capítulo 1 del ensayo que se comenta. La lectura del libro nos puede descubrir autores y autoras realmente interesantes que nos pueden servir de gran utilidad para ir creando nuestra propia batería de intelectuales a los y las que acudir dependiendo de los temas que más nos interesen. Y nos ayuda a repensar grandes autores como Marx, Gramsci y/o Foucault y adaptarles a la "socialidad" presente y sus problemas[4]. En este sentido es interesante la combinación de la que hablábamos al principio del párrafo y sobre la que versa prácticamente todo el libro: la postmodernidad y los pensamientos marxistas. Entendiendo la postmodernidad en tanto que “lógica cultural del capitalismo tardío” (Jameson, 1991, 14-22), los marxismos por, como diría Rosa Luxemburgo: crear “un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.
Repensar y adaptar los pensamientos marxistas entendiendo los cambios culturales actuales para, como bien explica el autor parafraseando a Gramsci, hacer una “filosofía de la práctica”. Es imprescindible conocer las características del espacio que se quiere trasformar para poder empezar a pensar en cómo articular la lucha, y conocer ese espacio implica, irremediablemente, no obviar los cambios culturales como por ejemplo, el cuestionamiento de los valores universales, el reconocimiento de la pluralidad de enfoques o las trasformaciones en el uso del lenguaje, sobre esto último hablaremos más adelante con mayor detalle. En esta línea de análisis, el libro está repleto de tintes postmodernos, el autor trata de alejarse de la unidad y el dogmatismo, reconoce e integra el pluralismo o la diversidad y se desprende de valores de la tradición positivista como el de la objetividad o el progreso. Clara queda “su propia inclusión ontológica de la realidad[5]”, y es que durante toda la lectura del libro percibimos las preocupaciones de Gustavo Hernández, que no escribe como un mero espectador de la historia que relata sino como sujeto consciente y vivo de la misma; podemos leer sus dudas, cómo se cuestiona el pensamiento -o más bien y después de la lectura del ensayo, deberíamos decir pensamientos marxistas-,cómo definirse, ser y estar, cómo a pesar del análisis a veces pesimista -como la propia realidad- trata de buscar alternativas, horizontes de luchapara seguir creyendo, valgan como ejemplo los dos casos de revoluciones postmodernas que describe en el capítulo 4. Podemos apreciar también la fuerte conciencia de clase del autor, y cómo esta conciencia le ha hecho poner la historia precisamente al servicio de los y las que no hemos tenido ni tenemos voz. Nos deja clara que la neutralidad no existe y se posiciona consciente e intencionalmente dentro de una ideología anticapitalista. En definitiva, el propio libro es un ejemplo de cómo plantear la objetividad o pensar que existe una sola verdad incuestionable es, cuanto menos, ingenuo, y que la subjetividad que se propone no está reñida, en absoluto, con la rigurosidad, ni mucho menos con la falta de valores éticos. Finalmente ¿cómo se vincula todo esto con los marxismos? En el ensayo queda claro y, si el autor nos permite tener alguna certeza, esa es la de la existencia de la lucha de clases, presente a través de la historia hasta la actualidad.

2. Una valoración crítica: el lenguaje inclusivo

Después de introducir el libro de Gustavo Hernández y mostrar algunas de las ideas principales presentes en este, nos gustaría hacer una crítica un poco más personal a determinados aspectos del ensayo que más nos han llamado la atención. A riesgo de hacer un análisis demasiado benévolo, podríamos afirmar que el ensayo consigue un acercamiento en la tan recurrente disputa en torno al feminismo y el marxismo[6]; pues el autor no sólo concede un apartado específico a la crítica feminista o a “las cuestiones de mujeres” como hemos visto en otros ensayos- y que nos da la sensación que se otorga más por cumplir con una perspectiva que está cada vez más presente que por la conciencia de la necesidad de esta -sino que incluye la perspectiva feminista en todo el libro, integrando conceptos que implican conflictos sociales -es decir, de toda la humanidad y nos solo de los hombres- como por ejemplo el reflejo de la presencia del patriarcado, los feminicidios, el trabajo reproductivo, la trata, la ética de los cuidados o el “dispositivo de feminización”, dentro de la historia universal. En la misma línea y retomando la cuestión del uso del lenguaje destacamos el uso inclusivo de este lenguaje en todo el ensayo, que se aleja del tan usado masculino como neutro. Por una parte vemos la complejidad de embarcarse en esta tarea, que si bien valoramos muy positivamente también evidenciamos que es complejo porque en alguna que otra ocasión no sigue la línea de la norma. Por otra parte nos gustaría mencionar que sabemos que a algunas personas les puede parecer molesta e innecesaria esta aplicación del leguaje, molesta porque cuestiona, cuestiona un orden social establecido aceptado socialmente, y cuestionar este orden siempre molesta porque refleja la invisibilización de más de la mitad de la población. Porque ser consciente cuesta, porque cambiar las normas y usos que venimos aceptando consciente e inconscientemente desde nuestra llegada al mundo, cuesta. Y por todo esto nos puede resultar también, como exponíamos, innecesario, pero alejándome de esta idea me gustaría mencionar, sin entrar a hacer un análisis detallado sobre la teoría del lenguaje, un par de aspectos: primero, que lo que no se nombra, no existe y yo, como mujer, estoy cansada de no existir. Segundo, y siguiendo lo anterior, destacamos que es a través del lenguaje que configuramos y delimitamos lo que nos rodea, a través de lo que pronunciamos conocemos nuestro mundo, por tanto, mencionar o no, incluir o no determinados grupos sociales es más grave de lo que parece.
3. Para concluir...
Antes de acabar recordamos cómo abríamos el escrito, presentando el ensayo como una historia que nos ayuda a reflexionar sobre el futuro que nos llega. Entrando a las provocaciones al debate y la reflexión me gustaría terminar apelando a la reconexión de las personas con la naturaleza, con sus propios cuerpos y, por supuesto, con las otras personas para subvertir el orden establecido. El sistema político, económico y social en el que convivimos nos desconectó y aun hoy trata de desconectarnos de la naturaleza sacando el máximo rendimiento a todos los recursos naturales posibles[7]. También nos aleja de la conexión con nuestro propio cuerpo, sobre todo en el caso de las mujeres, tema realmente dramático y que daría para más de una tesis, sin embargo, solo mencionaremos la existencia de políticas destinadas al control de la población dependiendo del país y las necesidades de población de este, entre otros factores[8]. Junto a esta desconexión con la naturaleza y nuestros propios cuerpos se encuentra la hiperindividualización a la que nos enfrentamos sobre todo en las socialidades consideradas más avanzadas. A mayor aislamiento e individualización, menores son las posibilidades de organización y rebelión[9]. En este sentido podemos decir que los modelos de opresión se trasforman y adaptan mucho mejor a los nuevos contextos de lo que las personas que queremos plantear alternativas al sistema imperante lo hacemos. Es importante reflexionar sobre las nuevas formas de aislamiento y ruptura de los vínculos con las personas que nos rodean, vivimos en una socialidad que impone unos ritmos que nos empujan al sentimiento de “vacío interior” y nos propone para acallar este vacío el consumo compulsivo: encuentra el sentido de tu vida comprándote un coche, más ropa o miles de cosas innecesarias, encuentra el sentido de tu vida sobre exponiendo esta y tu propia imagen en las diferentes redes sociales, consigue tu felicidad a golpe de like. En definitiva, el tipo de ocio y estilo de vida que se nos impone nos hace olvidarnos del enriquecimiento que nos aporta el contacto con la comunidad, fomentando relaciones egoístas basadas en el interés personal de completarnos a nosotros mismos o a nosotras mismas.

Finalmente destacamos que hablar de todo este control implica indiscutiblemente hablar del control de nuestras subjetividades, por tanto, acabar con el “mito de la libre elección” que impregna nuestros entornos se presenta imprescindible. Explica Ana de Miguel este mito desde el análisis feminista como esa falsa percepción de libertad para elegir; ese espejismo de igualdad ya conseguida, a través del cual se acepta que el liberalismo económico ponga precio a todo (De Miguel, 2015). Es decir, bajo la creencia de que ya está conseguida la igualdad, se entiende que cualquier acción que lleven a cabo las mujeres, es consentida, aunque esta implique control sobre sus cuerpos:
“Bajo el tranquilizador manto de la igualdad, los nuevos relatos, normas y valores que dotan de sentido nuestros sueños y nuestras vidas están cada día más sexualizadas […] el neoliberalismo económico encuentra, en la desigualdad de género y el neoliberalismo sexual, una importante fuente de legitimación del núcleo de su discurso: todo tiene un precio, todo se puede comprar y vender” (Ibidem, p.10)
En el caso de los hombres podríamos decir que bajo la creencia de que existe la plena libertad para elegir, entendemos que sus decisiones son consentidas aunque impliquen, también, el control sobre sus cuerpos.
En definitiva, nos preocupa especialmente la desintegración y la pérdida de los vínculos humanos, de las comunidades y de las relaciones, y consideramos necesaria la reconciliación entre estos factores para poder articular una lucha eficiente que no se nutra de las desigualdades estructurales y nos haga verdaderamente libres y, sobre todo, más humanos y humanas. Sea como sea, el debate está servido…








Arruzza, C. (2015). Las sin parte: matrimonios y divorcios entre feminismo y marxismo. A. Coll (Ed.). Sylone.
Bauman, Z. (1996). Teoría sociológica de la posmodernidad. Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad  Vol. II. (5), 81-102.

Beauvoir de, S. (1949). El segundo sexo. Madrid. Ediciones Cátedra, 2015.
D’atri, A. (2004).Pan y rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo. Buenos Aires: Ediciones las armas de la crítica.

De Miguel, Á. A. (2015). Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección. Universidad de Valencia: Ediciones Cátedra.

Gandini, E. y Libbosart, J.P. (productores) y Gandini, E. (director). (2015). La teoría sueca del amor. [Documental].Suecia: Fasad / Indie Film.

Gilligan, C. (1982). In a differentvoice.Harvard UniversityPress.

Hartmann, H. (1987). El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo: hacia una unión más progresista. Cuadernos del sur. (6).

Jameson, F. (1991). Ensayos sobre el posmodernismo. Buenos Aires: Imago Mundi.

Lorde, A. (2003). La hermana, la extranjera: artículos y conferencias. Horas y Horas.
Varela, N. (2008). Feminismo para principiantes. Ediciones B. Formato Ebook.





[1]Me gustaría aclarar que a pesar de que el ensayo que me dispongo a analizar es historiográfico, no soy historiadora. No obstante, considero que el libro tiene una dimensión más amplia o un carácter interdisciplinar que lo pone en relación con el campo más extenso de las ciencias sociales. Por ello haré una valoración crítica desde la educación social y los estudios de género, así como desde mi propia experiencia, preocupaciones en las que se centra mi línea de investigación.
[2]La categoría de análisis del Otro puede vincularse no sólo a los estudios de género sino a los estudios denominados postcoloniales, sin embargo, el estudio del Otro-mujer guarda unas connotaciones específicas realmente interesantes. Para la compresión de estas especifidades recomendamos la lectura de Simone de Beauvoir, El segundo sexo. Por otra parte, en torno a la idea de integrar nuevas voces, de poner el foco de estudio en otras perspectivas, es interesante la obra de la psicóloga del desarrollo Carol Gilligan, quien pone en evidencia a través de sus estudios que la teoría dominante sobre el desarrollo moral en realidad no reflejaba el desarrollo de todos los seres humanos, sino y en todo caso el de los hombres (Gilligan, 1982).
[3] Para más información véase la intervención de esta autora en el marco de las charlas TED: "El peligro de una sola historia". Recuperado de: http://sinsistema.net/el-peligro-de-una-sola-historia-chimamanda-adichie/
[4] Siguiendo a Bauman, reemplazamos la categoría de "sociedad" por la de "socialidad" para alejarnos de la concepción de sociedad en tanto "totalidad soberana, para cuyo bien e inmortalidad participarían todos los entes inferiores, los cuales quedan supeditados a ella por definición" para acercarnos a un término "más adecuado para captar la modalidad procesal de la realidad social y el juego dialéctico de lo casual y lo adecuado para captar la modalidad procesal de la realidad social y el juego dialéctico de lo casual y lo regular". La "socialidad" comprendería "una categoría que rechaza la evidencia del carácter estructurado del proceso y, al contrario, trata a todas las estructuras que descubre como realizaciones emergentes" (Bauman, 1996, 84).
[5] Cita de Zizek extraída de la página 146 del ensayo de Gustavo Hernández.
[6] En esta línea son interesantes, entre otros, los trabajos de Arruzza (2015) y Hartmann (1987).
[7] Valga como ejemplo el caso de millones de comunidades indígenas y afrodescendientes en Colombia desplazadas forzosamente de sus hogares después de haber sido cedidos a empresas mineras y de otros sectores por las autoridades, hablamos de zonas con un gran potencial para la explotación económica.
[8] Es algo más que anecdótico el contexto en el que nace la celebración del Día de la Madre. Al finalizar la II Guerra Mundial, la necesidad de producir fuerza de trabajo viene de la mano de una “fuerte campaña de propaganda contra la mujer liberada y el feminismo, reforzándose desde los discursos oficiales los elogios a las madres y las amas de casa” (D’atri, 2004, 76).
[9] Recomiendo el documental: La teoría sueca del amor (Erik Gandini, 2015), en torno al tipo de relaciones que se vienen conformando en los países del norte Europa.

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