lunes, 13 de noviembre de 2017

LA "ETERNA PROMESA" DEL SECTOR LÁCTEO

Ángel Tejeda.

En los últimos meses, viene sonando con fuerza, la “eterna promesa” de una  subida del precio de producción de la leche por parte de la industria láctea. Actualmente el viejo continente se encuentra ante la mayor crisis de escasez de mantequilla desde la Segunda Guerra mundial, debido al uso de ésta como sustitutivo del aceite de palma dentro del sector repostero, lo que por lógica debería de revertir en una subida de precios  al ganadero. Para encajar con sentido esta breve opinión acerca de la crisis láctea que vive el sector, considero oportuno la lectura  de  mi anterior artículo - “Un monstruo Lácteo, como consecuencia de la desregulación del mercado[1]”-, en el que realizo una fehaciente crítica a la implantación de la macrogranja de vacuno en la población de Noviercas (Soria)  por parte de la cooperativa navarra Valla de Odieta. El proyecto planteado por esta grupo, recoge la puesta en marcha de una explotación entorno a las 20.000 cabezas, lo cual resulta absolutamente inviable desde un punto de vista ambiental tal y como reflejan los estudios realizados y únicamente  responde a  los intereses económicos  de la gran industria láctea y del equipo  gobierno de la Junta de Castilla y León.
Para ahondar en la explicación del porqué de la eterna promesa de subida de precios por parte de la industria láctea al sector ganadero, considero necesario contextualizar lo que a mi entender es el punto de inflexión en el sector, como es el fin de las cuotas lácteas el 1 de abril de 2015, o lo que es lo mismo, la desregulación del mercado traspasando las cuotas lácteas en propiedad de los ganaderos desde 1984 a manos de las grandes multinacionales del sector lechero. Es necesario  explicar a todas aquellas personas que no son conocedoras del funcionamiento del sector, que este acontecimiento no supuso una simple transición jurídica de un sistema de comercialización a otro, sino lo que denomino el mayor latrocinio a los derechos de este colectivo. De la noche a la mañana los ganaderos perdieron miles de euros ante una decisión europea, en lo que en sus propias palabras consideraban “un plan de pensiones” complementario ante una vida de absoluto esfuerzo y sacrificio.

Con el fin de las cuotas lácteas en 2015, y la entrega de la “soberanía láctea” de los ganaderos en favor de los interés de las grandes comercializadoras lecheras, el funcionamiento del sector responde de la siguiente manera. El mercado se libera, el precio de la leche en el territorio nacional empieza a ser controlado de forma oligopolística  por parte de la industria, dado que según la datos del observatorio de la leche de la Unión Europea, España presenta un déficit lácteo de un 30%, por tanto el precio debería de incrementarse, y paradójicamente resulta todo lo contrario.  La lógica parece apuntar a que evidentemente las multinacionales lecheras, presionan al ganadero, ante un producto de alta caducidad fijando los precios  en función de sus propios intereses, y despreciando la verdadera labor ejercida desde las explotaciones. Tanto es así que sigo analizando los datos del sector, revelan la desaparición de 2000 explotaciones, es decir  un 10% del conjunto nacional, éstas han pasado de 17.084 explotaciones (2015) a 15.368 (2017). En referencia  a los últimos datos expuestos por la Comisión Europea (primer trimestre de 2017), el precio medio por litro  se situó en 0,30 céntimos a nivel nacional, mientras que la media europea fue de 0,33 céntimos, precios que distan de las expectativas de los ganaderos españoles, para garantizar la viabilidad del sector hoy día. Sin embargo los grandes productores de la Unión Europea: Polonia, Dinamarca, Alemania, Holanda,  Irlanda y Bélgica han registrado precios entre un 26% y un 39% más elevados que en 2016, hecho que no ha ocurrido en el caso de España.
Tras contextualizar las causas y posteriores consecuencias del fin de la desregularización del mercado lácteo europeo, me gustaría explicar  los intereses que responden a tales acontecimientos. El neoliberalismo ha desembarcado en todas y cada una de las explotaciones del nuestro territorio, así lo demuestran las profundas y rápidas transformaciones que están sufriendo las granjas y ganaderos en estos últimos dos años. Es por ello que considero plausible realizar un breve análisis político, de las consecuencias del fin de las cuotas lácteas en el sector ganadero, distinguiendo varios modelos de producción.
Por un lado la pequeña explotación familiar está cediendo terreno en favor de las grandes vaquerías, este último modelo es el que buscan  las comercializadoras, pues responden fielmente a sus intereses, es decir se prestan a la hegemonía del capital. Se busca un modelo productivo intensivo (a tres ordeños), donde el objetivo es la producción de grandes cantidades de leche, ideal para la industria, dado que como reducen el margen a mínimos, persiguen que a través de una  venta a volumen, el ganadero  pueda obtener una “rentabilidad de supervivencia”, claramente muy alejada de los precios que deberían garantizar la viabilidad de las explotaciones, dadas  inversiones en las que se ven inmersos y ante las desmedidas exigencias de la industria. Otro problema que encuentro a estas grandes explotaciones, salvaguardando las diferencias con el gran monstruo de Noviercas, es la sobreexplotación en muchas ocasiones de los animales, donde la constante exigencia de las multinacionales lecheras conlleva a una escasa longevidad por parte de la vacas, y es que el animal no entiende de competitividad. Desde el  punto de vista medioambiental, estas grandes granjas requieren de una elevada cantidad de recursos para sustentar la totalidad del ganado de la explotación.  La gestión de los purines, resulta una gran problemática,pues se torna difícil encontrar grandes extensiones de terreno donde depositarlos. Sería irresponsable por mi parte, realizar únicamente una crítica a la situación  forzosa a la que ha conducido  la industria láctea a las que en el pasado fueron pequeñas y medianas explotaciones familiares, pues ante un trabajo tan esclavo donde los 365 días se trabaja, la robotización y la introducción de personal cualificado a permitido una mejor calidad de vida de los propietarios pero también una mejora en la genética, producción y manejo de los animales.
En contraposición a ese gran modelo de producción, se encuentran las pequeñas explotaciones, caracterizadaspor un ritmo menor de producción frente al modelo intensivo, donde priman la longevidad del animal y consecuentemente suponen un sistema más sostenible, ante los efectos que presenta el cambio climático y más en un país tan expuesto como España. Este modelo de producción más propio de las comunidades autónomas norteñas, permite un mayor  arraigo  a la tierra, frenando la incipiente despoblación de las zonas rurales.Espero que esta última afirmación cale entre aquellos dirigentes políticos que se llenan la boca de “patria”, patria es defender los derechos e intereses de los ganaderos, agricultores y pobladores de las zonas rurales.
Por tanto  puedo concluir que los principios económicos en los que se asienta el neoliberalismo, han conducido a cientos de explotaciones  al cierre, y en otras muchas a unos niveles de explotación lejos de la consonancia que a mi entender debería garantizar la retroalimentación del proceso desde el nacimiento del animal hasta la  venta final de producto al consumidor. Me gustaría volver a recalcar que el objetivo que persigo en este breve artículo es realizar una dura crítica al oligopolio de las grandes comercializadores lecheras, y no a la víctima (el ganadero), las cuales han impuesto al sector del vacuno de leche unas condiciones de producción kafkianas, dando lugar a unas consecuencias que se  reflejan fielmente en la frase de Frederic Jameson: “Es más fácil imaginar el fin del mundo, que imaginar el fin del capitalismo”.






[1] http://salamancartvaldia.es/not/143097/monstruo-lacteo-consecuencia-desregulacion-mercado/ 

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