lunes, 5 de marzo de 2018

LA ERA DE LAS MACROGRANJAS, OTRA ENFERMEDAD DE LA MANO DEL CAPITALISMO.


Ángel Tejeda de Santos

Hace apenas  un año, se publicaba la notica que recoge la intención de la cooperativa navarra Valle de Odieta de implantar la mayor explotación láctea de toda Europa,en el pequeño municipio soriano de Noviercas. Después de un largo 2017 donde  parecía que la agitación y rechazo que suscitó inicialmente la idea de poner en funcionamiento un proyecto de tales características,no daría lugar a su puesta en marcha, este pasado 13 de febrero se produce  la modificación de las normas urbanísticas del municipio, haciendo saltar todas las alarmas.
La cooperativa Valle de Odieta, planea  abrir en este municipio de la comarca del Moncayo, la mayor explotación láctea del viejo continente. Esta sociedad cooperativa que  ya cuenta con otra explotación de 4.800 cabezas de vacuno de leche afincadas en la población navarra de Caparroso, pretende  llevar a cabo  un proyecto que contaría con 20.000 vacas. . La explotación se implementaría en 4 fases, en cada una de las cuales irían  incorporando 5.000 vacas, para un plazo final que estaría entre los 4 y los 5 años.  La idea de negocio que pretende  efectuar este grupo inversor, no supone un hecho aislado dentro del panorama ganadero, como ya confirma la granja que tienen en funcionamiento. Otro proyecto de similares características es el que pretende construir el grupo Cefusa-El Pozo en la provincia de Albacete, una explotación con una capacidad para 108.000 lechones, 18.000 madres, 3.000 de reposición  y 120 verracos distribuidos en 51 naves.
La posible puesta en marcha  de este tipo de explotaciones, similares a las ya existentes en países como Estados Unidos, Canadá, China, Israel o Emiratos Árabes, no es un hecho aislado, es el resultado más visible de la tónica de funcionamiento que viene experimentando el sector primario en estos últimos  años.  Ello ha dado lugar a bautizar este artículo como, “la era de las macrogranjas”, con el trataré de explicarlas consecuencias de la aplicación de las políticas de libre mercado en el sector ganadero español.
En la última década se ha implantado  en nuestro país   un modelo intensivo de explotación ganadera, en contraposición a los modelos de  aplicación centroeuropeos.Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, de los 43 millones de gallinas con los que cuenta España, sólo el 7% son de cría alternativa (camperas o ecológicas) mientras que la media europea es del 44%, pero por ejemplo en  Alemania  es del 90%. España cría 47 millones de cerdos, no obstante ha perdido 12.900 granjas de porcino, mientras desde 2007  ha ganado 504 granjas dentro del grupo de gran producción, un 32% más.  En el sector del vacuno de leche se han perdido  2000 explotaciones de carácter familiar desde el fin de las cuotas lácteas en 2015, pasando de 17.084 explotaciones (2015) a 15.368 (2017).Según fuentes del Ministerio, en 2006, España contaba con26 reses por unidad de trabajo y en 2015 ya eran 40, pero si por ejemplo atendemos a los datos de la Comunidad Valenciana la media de vacas productoras de leche es 222 vacas, incluso por encima de Estados Unidos con una media de 180 animales por explotación. Mientras que según los datos de la Consejería de Agricultura y Ganadería de Castilla y León , el sector del ovino y el caprino de leche en la Comunidad, ha perdido en estos últimos dos años 179 ganaderos, pasando de 2458 a 2279, un 7,28% menos.
Hace apenas un mes, el programa de la Sexta dirigido por el periodista Jordi Évole emitía un reportaje bajo el nombre  StrangerPigs, donde se mostraba el funcionamientodel modelo de explotación  intensivo de las grandes integradoras.  La llegada de estos  grupos empresariales al campo, no sólo ha cambiado el tradicional modelo de explotación agroganadero, mucho más sostenible y ecológico  que el actual,  sino que  ha modificado los modos de crianza de los animales en las granjas
 La lógica de funcionamiento del sistema de producción capitalista,  lleva  a estas grandes  explotaciones  a un estricto control  de los parámetros degestión, medidos en términos de productividad. Todas estas grandes multinacionales operan en el exterior, por poner un ejemplo, el sector del porcino este pasado año 2017 facturó alrededor de 15.000 millones de euros, un 1,4% del PIB, de los cuales 5.000 millones se corresponden de venta al exterior, a más de 130 países, destacando China, Japón o Filipinas como principales compradores. Estas elevadas cifras, nos dan una idea del gran negocio que supone la explotación del sector ganadero tanto a nivel nacional como  internacional. 
Como todos aquellos mercados sometidos al poder hegemónico del capital, las integradoras, hacen acopio de todos los medios a su alcance, para hacer de su mercancía un bien lo más productivo y competitivo posible. La pregunta es ¿a qué coste?
Hace apenas unos días, la Comisión Europea, publicaba un informe que sonrojaba a las autoridades de control sanitario animal en España. Este texto expone que nuestro país hace un uso abusivo de los antibióticos, en concreto el más alto de la UE en términos absolutos, a pesar que Alemania tiene 12,5 millones de vacas (el doble que España) Según  Bruno González,  veterinario y profesor de la Universidad Complutense, estas grandes integradoras están utilizando el uso de antibióticos de manera indiscriminada,  como medida preventiva en animales que ni siquiera están  enfermos. El objetivo principal de estas prácticases la mejora de la  productividad, a través de una reducción de  las bajas por mortandad y un aumento del rendimiento de  los animales. Y es que ya sabemos  que estas grandes empresas  a la hora de hablar de economía utilizan todas lasprácticas a su alcance, algunas cuanto menos  dudosas ,  ante una legislación laxa y  escasa de recursos para ponerle freno.  Según el último informe de la Organización  Mundial de la Salud, la utilización continuada de estas prácticas, hará que para 2050 las bacterias resistentes de antibióticos provoquen más muerte que el cáncer o los accidentes de tráfico. Este fenómeno ya supone en España 2.500 muertes y 25.000 en toda Europa.
Observando estos datos y comparándolos con otros muchos, estoy en condiciones de afirmar que la llegada de las multinacionales al campo español en esta última década no es fruto del azar, el origen del fenómeno responde  a la hegemonía dominante de las política liberales del momento, eso que bien explica A. Gramsci para  describir  que el sentido común de cada época es el sentido común de la clase dominante, esta vez aplicado al campo. La  llamada  corriente de pensamiento “neoliberal”, la cual no tiene nada de nueva, no es otra cosa que la aplicación de las políticas de libre mercado propias del siglo XVII como defendía J. Locke. El sistema de producción capitalista intensifica su ritmo de depredación, acompasado por el marco de  políticas ala carta de  los llamados gobiernos liberales, lo que se traduce en la  desregulación de la economía  y por ende el aumento de concentración de la riqueza en las manos de los propietarios del capital, idea que defiende K. Marx  en su obra El Capital, recogida en su  teoría de  acumulación del capitaldentro de los sistemas de producción capitalistas.
Desde Europa  los  declarados  grupos parlamentarios de ideología   neoliberal, a los cuáles invito a reflexionar acerca de la utilidad  de su doctrina en la concepción  del hombre como animal social, se empeñan en defender la aplicación de  las políticas de libre comercio como solución a la ineficaz gestión que según ellos provoca el mantenimiento de la superestructura jurídico-política de los Estados, para dar solución a los problemas del postfordismo.  No seré yo, declarado anticapitalista, quién defienda la lógica de funcionamiento de este sistema de saqueo,  no obstante la historia nos demuestra algo y por tanto  debemos aprender de ella.  Con  la aplicación de las políticas  intervencionistas de los años 70 hasta la llegada de  los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Tacher  en los 80, el capitalismo mostró su cara más “amable  con mayores niveles redistribución de la riqueza,  una disminución de la desigualad y un aumento en la calidad de los servicios públicos.
Dejando de lado el romanticismo que me envuelve a la hora de teorizar sobre diferentes doctrinas, es mi obligación cumplir con la promesa dada al inicio del artículo, para explicar el impacto de las políticas liberales en el campo  y sus consecuencias para los habitantes de las zonas rurales.
Las políticas de libre comercio han llegado al sector primario español para cambiarlo por completo,  a priori  muchos lectores nose  extrañaran si les hablo que el sector agroganadero está experimentando en esta última década grandes trasformaciones, pues al igual que el resto de  sectores lo  están haciendo. Sin embargo  con la excusa  de eliminar todo tipo de barreras  en el mercado, se ha producido un desembarco de los grandes propietarios del capital  en sector agrícola y ganadero nacional.  Estas multinacionales apuestan por un sistema de explotación ganadero intensivo, donde ellas son las propietarias de  la mercancía (los animales), mientras que los tradicionales propietarios de las granjas familiares están abandonando sus explotaciones para trabajar en estas grandes compañías.
La lógica de funcionamiento es la siguiente, por todos es conocido que el capitalismo como sistema de “organización” económico tiende a mercantilizar todo aquello que genera una plusvalía.  Este sistema de explotación intensivo, parte de un acuerdo comercial entre  capital inversor  (integradora) y gestor  de la granja (integrado). Las integradoras dotan a los gestores de la explotación de los medios necesarios para el funcionamiento de  actividad principal (animales, veterinarios, medicamentos y alimento) a cambio los integradostienen que cargar con la edificación de las instalaciones y gestión  de la granja, percibiendo por ello unas retribuciones fijas y una parte variable   según sea el servicio dado y la productividad de la explotación. 
Desde un punto de vista estrictamente jurídico, la relación comercial que entablan las partes se ajusta a derecho. No obstante desde una óptica revisionista del pacto, puedo exponer que en esta relación comercial,las grandes compañías establecen acuerdos asimétricos con los pobladores de las zonas rurales. Estás empresas  utilizan  en su argumentario la necesidad de crear puestos de trabajo para fijar población en el medio rural, prácticamente en aras de  desaparición,  es aquí donde radica la trampa.
 Haciendo un  breve repaso  por  los últimos años del siglo XX, el sector primario español se caracterizó por  un sistema tradicional de explotación, predominantemente  de carácter familiar, extensivo  y hereditario con algunas excepciones, por ejemplo Andalucía. Esta organización en los sistemas de explotación agroganaderos  está cambiado por completo, las políticas de libre mercado procedentes desde Europa y los acuerdos comerciales firmados con Estados Unidos (TTIP) y Canadá (CETA), se están traduciendo en un aumento de las grandes granjas desplazando  a las pequeñas  y medianas explotaciones familiares. Cuando hablo de trampaen el acuerdo comercial, hago referencia a que estos mismos grupos de capital inversor  han visto una gran oportunidad de negocio  en el campo, como demuestra su nivel de facturación y  la elevada cifra de sus exportaciones, lo que provoca grandes burbujas similares a las conocidas en el sector inmobiliario. Tales volúmenes de negocio están muy sometidos al estrés de la demanda, lo que hace que en  un mundo multipolar,la volatilidad de los mercados sea muy intensa. Este  aumento de la incertidumbre,   se debe en gran medida  a la especulación   que someten  los propios grupos de inversión al mercado, traduciéndose  en una reducción de las posibilidades de los pequeños y medianos agricultores para afrontar las crisis que pueda vivir el sector,  pues éstos no cuentan con el fondo de maniobra necesario para paliar las cada vez más virulentas y frecuentes  caídas de los mercados.
Las consecuencias de la aplicación de este tipo de políticas en el campo español son devastadoras , traduciéndose en un empobrecimiento generalizado de las comarcas rurales, lo que acelera el incipiente fenómeno de la despoblación y envejecimiento, augurando un futuro escasamente esperanzador por la supervivencia de estas áreas.
El impacto sobre el medio natural es elevadísimo,  con   altas concentraciones de niveles de  CO2 y nitratos, contaminando el aire y  los acuíferos.  El uso abusivo de los escasos recursos hídricosy ambientales para poner en funcionamiento este tipo de macrogranjas, genera un riesgo para la salud  y abastecimiento de los pobladores de la zona.   
La aplicación de este tipo de  tratados  comerciales supone un retroceso en el control agroalimentario europeo, con medidas  mucho más estrictas que al otro lado del Atlántico. Ello perjudica al consumidor y  productor europeo, pues  coloca a este último  en una clara posición de desventaja  a la hora competir globalmente.
La puesta en marcha de proyectos como el que pretende llevar a cabo la cooperativa navarra Valle de Odieta, con 20.000 cabezas de vacuno de leche, o la que  pretende implantar El Pozo en la provincia de Albacete, con más de 100.000 cerdos,  son las  caras  más visibles de esta era de la macrogranjas, pero hay muchos más ejemplos. Y es que ya sabemos   que en la era de la hegemonía del capital, hablar de economía, es hablar del principio regidor de la sociedad.
Para finalizar me gustaría lanzar  un mensaje de esperanza y  es que la situación ante las que se encuentra la sociedad actual tiene solución,  en palabras del propio José Saramago, la alternativa al actual sistema de producción capitalista reside en la conciencia. Debemos de concienciarnos  que nosotros mismos formamos parte del opresor, cuando dejamos de lado la lucha colectiva y aceptamos el individualismo, cuando reducimos la vida a mercancía  abandonando los derechos del conjunto, en ese momento somos capitalismo,  por ello hemos de tomar conciencia como respuesta a la liberación de la clase trabajadora.  Acertadamente Rosa Luxemburgo con su afirmación “socialismo o barbarie”, tomada de la exposición de F. Engels sobre el dilema  de avanzar hacia el socialismo o regresión hacia la barbarie, nos muestra una alternativa al actual ritmo de crecimiento del sistema de producción capitalista, para poner freno a la completa devastación del planeta. A igual que recoge el libro escrito en 1972 por Donella Medus, los “Límites del crecimiento”,el cuál pronostica, que en 100 años los recursos naturales de la tierra habrán desaparecido, si seguimos con el actual sistema de expoliación y agotamiento  de nuestros recursos. Por ello desde este artículo,invito a tomar conciencia, para construir un  nuevo modelo de organización socialista, feminista y ecologista. De lo contrario y apoyado  en las sabias palabras que recoge  la profecía de los nativos canadienses Cree…
“Sólo después que el último árbol haya sido cortado, sólo después que  el último río haya sido envenenado, sólo después que el último pez ha sido atrapado, nos daremos cuenta que no se puede comer dinero”




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