lunes, 7 de mayo de 2018

A VUELTAS CON LA LEY DE AMNISTÍA


César Méndez Anciones. Historiador. Miembro Grupo de E. Culturales A. Gramsci

Hace escasos meses hemos presenciado un encendido debate televisivo en torno a la libertad de Billy El Niño y la Ley de Amnistía. Ésta supuso uno de los pilares básicos del cada vez menos escuchado «Régimen del 78» y la Transición, la cual comenzó a cuestionarse como proceso ejemplar de manera generalizada desde el 15M. El señalamiento de la continuación e impunidad del anterior régimen y sus personalidades estaba en boga. Ante ello, algunos «creadores de verdad» de dicho proceso respondieron con gran rapidez. Me refiero al profesor de la UNED Santos Juliá[1], uno de los principales constructores del relato oficial de la Transición, a la vez que se posiciona como neutral en contra de todos aquellos que pretender hacer de la historia un uso político. Tampoco es raro leer adjetivos del propio historiador de «radicales», «populistas» o que «utilizan el pasado para sus objetivos políticos del presente», cuando se cuestiona dicho proceso.[2]
 Una de sus explicaciones más fundadas sobre la Ley de Amnistía es la de la ley como proyecto político de la izquierda, y no del franquismo como tendemos a reproducir los demagogos de izquierda. Esta postura es defendida ante los debates de reforma o derogación de dicha ley propuestas por organizaciones internacionales como la ONU[3] y partidos de izquierda del país.[4]  Sin duda, fue una demanda que protagonizó las proclamas y movilizaciones de varios sectores rupturistas durante la Transición bajo el lema «Libertad, Amnistía, Estatuto de Autonomía». Éstos, afirma Santos Juliá, estarían motivados por un proceso largo de reconciliación de ambos bandos, remontándolo hasta Azaña en el año 1937 o a la Guerra Civil.[5]  Por supuesto, en su análisis no entra el papel que las élites políticas de aquel momento desempeñaron en el proceso transicional y de amnistía, algo que los estudiantes salmantinos ya preveían en el año 1969 al hablar del lavado de cara que el régimen quería hacerse con el nombramiento de Juan Carlos y una futura democracia.[6]
Transición y Ley de Amnistía como proyecto de izquierdas ante una derecha desorientada. Ya en el año 2003 defendió en el artículo «Echar al olvido» que la ley protagonista no fue fruto de la amnesia, sino un pacto de perdón mutuo, de ambos bandos que cometieron atrocidades, para mirar al futuro, y ese ha de seguir siendo el camino. No queda muy lejos del «reabrir heridas» que usa hoy la derecha. Dicho artículo fue escrito en el momento de debate en el que el PSOE comenzó a llevar al Congreso los primeros esbozos de Ley de Memoria Histórica, ante la que el historiador es férreo opositor.
 En este sentido, encontramos varias intervenciones (en las que él se basa) en el debate de la Ley de Amnistía 46/1977 que afirman tal caso de perdón mutuo para mirar al futuro. Aquí enmarcaría la intervención de Marcelino Camacho, representando al PCE. El histórico sindicalista hace un alegato a la intención de reconciliación que los comunistas vienen mostrando desde tiempo atrás con el Pacto por la Reconciliación Nacional de 1956. Habla de la necesidad de olvidar ese pasado fraticida. También Xabier Arzallus Antía, de las Minorías Catalana y Vasca, hoy PNV, habla de reconciliación. «Es un olvido de todos para todos», ya que «hechos de sangre ha habido por ambas partes». Olvidemos todo, afirma. Del mismo modo, Rafael Arias Salgado de UCD, hoy PP, también habla de la misma como algo necesario para «superar las diferencias que nos enfrentaron en el pasado».
Sin embargo, y desde mi punto de vista, las nuevas reivindicaciones no son ni tan nuevas, ni tan equívocas. Éstas basan su punto de partida en que la Ley de Amnistía hubo de ser una liberación de aquellas personas que lucharon contra la dictadura o sufrieron su represión -de ahí que se les amnistíe-, y no de la impunidad de los represores franquistas. De hecho, la propia definición de amnistía es «Perdón de penas decretado por el Estado como medida excepcional para todos los presos condenados por determinados tipos de delitos, generalmente políticos». Por lo tanto, aquellas personas responsables del franquismo no podrían ser amnistiadas, pues jamás fueron condenadas por sus crímenes. No se parte de ninguna igualdad de condiciones, ni de dos bandos. Y así es como se entendió también en aquel entonces dicho proyecto, tal y como afirmó Jaime Sartorius en 2010 - miembro de la Comisión Parlamentaria que redactó el proyecto de Ley de Amnistía, en representación del PCE-, alegando que en su esencia «La ley iba dirigida a las víctimas de la dictadura. En 1977 las tropelías franquistas no eran ilegales».[7]
Del mismo modo, y siguiendo con el debate sobre la ley, lo entendieron también el resto de los representantes parlamentarios. Letamendia Belunze (EE), quien se abstuvo, afirmaba que «la amnistía no es un perdón vergonzante de personas a quienes se sigue considerando delincuentes comunes. Por el contrario, es el reconocimiento del derecho de un pueblo a haber utilizado todos los medios que tenía a su alcance para defenderse de la agresión de le dictadura».  Incluso los propios populares (AP) con Carro Martínez entendieron la amnistía como la liberación de luchadores contra el franquismo que consideraban terroristas, y no como «perdón entre ambos bandos». Es por ello también se abstuvieron.
 No había «ambos bandos» en igualdad de condiciones, sino una dictadura y una oposición La amnistía desde su inicio, y en el imaginario colectivo y político, estaba enfocada hacia los antifranquistas.
Benegas Haddad (PSOE), también empieza con una crítica a la represión franquista - no con el discurso de «ambos bandos mataron», como si lo hizo Xabier Arzallus-. Habla de la amnistía pensando en aquellos represaliados que lucharon contra la dictadura o se tuvieron que exiliar de la misma y, con la superación del franquismo, construir «una vida mejor, más justa y más igualitaria para todos los trabajadores, para todos los oprimidos, para las capas más humildes y menesterosas de nuestra sociedad». Del mismo modo, entre otros ejemplos, al hablar de la amnistía laboral «amnistía laboral no sea una mera declaración de principios, sino una verdadera realidad para todos aquellos que tienen derecho a disfrutar de sus beneficios, en reparación de los perjuicios que les ocasionó la dictadura». Se habla constantemente de los presos en las cárceles franquistas. También los socialistas de Cataluña, Triginer Fernández centra la ley de amnistía en la represión franquista con sus «leyes centenarias».
Pero aún más esclarecedora en el sentido que nos interesa fue la intervención de Donato Fuejo Lago, del Grupo Parlamentario Mixto por el PSP. Hace referencia a que ésta es por el momento la mejor de las aspiraciones a las que se puede llegar ante la coyuntura política que se presenta y la realidad histórica, para seguir con «Mañana, en el esplendoroso mañana a que aspiramos los socialistas, la modificaremos, la cambiaremos o lo que sea necesario, para evitar hacer perennes las situaciones de injusticia que hoy se no imponen, pero que con toda sinceridad nos parecen ahora imposibles de evitar». ¿A qué se refiere cuando habla de «las situaciones de injusticia que hoy se nos imponen» ?, ¿quién tenía en aquel momento la capacidad de imponer?,¿por qué son imposibles de evitar en ese momento? Parece que esto se ha olvidado en los análisis.
 A la tan buscada ley de la que PCE-PSUC habían sido máximos protagonistas, y con lo que Juliá se defiende, le fueron añadidos unos apartados fuera del plazo de enmiendas por parte de UCD. Así lo plasmó el vasco Letamendía Beluzne (EE) en el propio debate: «habiéndose producido ayer el precedente parlamentario por la Unión de Centro Democrático de presentar enmienda “in voce”, solicito…».  Esto cambia todo. Fueron en estas enmiendas donde se introdujo la absolución de los delitos y faltas que pudieran haber cometido cualquier personalidad del régimen.
 La «amnistía total» si fue una demanda de la izquierda, pero no lo fue así la introducción del art. 2 de la Ley 46/1977 que vino del régimen y su partido (que no solo fue AP, también UCD).  La incógnita más que necesaria a analizar es el papel real que jugaron las élites en este proceso. Y es que tal como afirma Pedro Carasa, aún no se ha abierto el debate profundo y generalizado sobre el carácter elitista de la Transición,[8] de lo cual ya pocas personas nos creemos sea un proyecto de la izquierda como el profesor defiende. Que los partidos de izquierda acabasen aceptando un proyecto diferente al suyo es otra cuestión diferente donde el miedo e ilusión jugaron papeles fundamentales.



[1] Cuesta, Raimundo. La normalización historiográfica y la pérdida de la inocencia. Reflexiones acerca de algunas tesis del historiador Santos Juliá. El texto que sigue a este título desarrolla su intervención en el acto de presentación del libro de Santos Juliá. Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX. (Barcelona: RBA, 2010), dentro de una de las sesiones del Aula-Debate, celebrada en el salón de actos de la Facultad de Historia de la Universidad de Salamanca, el 5 de marzo de 2015, que contó con la asistencia del profesor Juliá.
[2] El Correo. «Santos Juliá: Hoy te llaman fascista los que realizan acciones típicas del fascismo»http://www.elcorreo.com/sociedad/tratar-impartir-justicia-20171108170424-nt.html
[3] El Periódico. «La ONU insta a España a derogar la ley de amnistía para investigar al franquismo» https://www.elperiodico.com/es/politica/20150723/onu-pide-derogar-ley-amnistia-espana-4380331
[4]  Onda Cero. «El Congreso rechazará este martes la proposición de Unidos Podemos de reformar la Ley de Amnistía de 1977»
También, como apuntaba Raimundo Cuesta en La normalización historiográfica y la pérdida de la inocencia. Reflexiones acerca de algunas tesis del historiador Santos Juliá; en Hoy no es ayer: reflexiones sobre el siglo XX en España. 2010. ISBN 9788498677836 nos muestra en uno de sus capítulos «La Transición antes de la Transición» cómo el vocablo, entendido como periodo o proceso por el que se accede a la democracia, tiene unos largos precedentes que se remontan al menos a los intentos de búsqueda de la paz en la Guerra Civil.
[6] Así lo he podido comprobar recientemente en el Archivo Histórico Provincial de Salamanca, tratando el movimiento estudiantil antifranquista de la ciudad en el tardofranquismo.
[7] El País. «La Ley de Amnistía no ampara al franquismo» https://elpais.com/diario/2010/03/15/opinion/1268607604_850215.html

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